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27 de diciembre

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Va en contra del proceso histórico presentar la obra reformista como una revolución prolongada a largo plazo y la revolución como una serie condensada de reformas. La transformación social y la reforma legislativa no difieren por su duración sino por su contenido. El secreto del cambio histórico mediante la utilización del poder político reside precisamente en la transformación de la simple modificación cuantitativa en una nueva cualidad o, más concretamente, en el pasaje de un periodo histórico de una forma dada de sociedad a otra.

Es por ello que quienes se pronuncian a favor del método de la reforma legislativa en lugar de la conquista del poder político y la revolución social en oposición a éstas, en realidad no optan por una vía más tranquila, calma y lenta hacia el mismo objetivo, sino por un objetivo diferente. En lugar de tomar partido por la instauración de una nueva sociedad, lo hacen por la modificación superficial de la vieja sociedad.

 Rosa Luxemburgo en “Reforma o Revolución” (1900)


20 de Octubre

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La obediencia ciega es una virtud útil al soldado de un ejército capitalista, no al combatiente proletario. La disciplina revolucionaría tiene sus raíces en el pensa­miento y en la voluntad colectivos. Un partidario del comunismo científico no cree en las palabras; juzga todo a la luz de la razón y de la experiencia. La juventud no puede aceptar el marxismo por mandato; debe asi­milarlo por sí misma, mediante un esfuerzo indepen­diente del pensamiento. Precisamente por eso debe tener no sólo la oportunidad de educarse sino también la de equivocarse, para poderse elevar, a través de sus propios errores, a una concepción comunista. La disci­plina burocrática y artificial se hizo polvo en un momen­to de peligro. La disciplina revolucionaria no excluye, exige, el derecho a la comprobación y a la crítica. sólo por esta vía se podrá crear un ejército revolucionario indestructible.

León Trotsky en “La obediencia ciega, la disciplina revolucionaria y la juventud”. Abril, 1933

23 de Septiembre

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La juventud de la generación revolucionaria coincidía con la del movimiento obrero. (…) El movimiento desconocía por completo el arribismo, se nutría de su fe en el futuro y su espíritu de sacrificio. No existía rutina alguna, ni fórmulas convencionales, ni gestos teatrales, ni procedimientos retóricos. El patetismo que empazaba a surgir era tímido y torpe. Incluso palabras como <comité> y <partido>, resultaban nuevas aún, conservando su aureola y despertando en los jóvenes unas resonancias vibrantes y conmovedoras. El que ingresaba en la organización sabía que la prisión y la deportación le esperaban dentro de unos meses. (…) Los revolucionarios creían en aquello que enseñaban, ninguna otra razón podría haberles llevado, de no ser así, a emprender su vía crucis.

León Trotsky citado en “El Partido Bolchevique” de Pierre Broué.

1 de septiembre

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El ejemplo de Tsintsadze puede y debe servir de enseñanza, sobre todo para la juventud de la Oposición. Tsintsadze fue la viva negación del arribismo político, es decir, de la tendencia a sacrificar los principios, ideas y objetivos de la causa a los fines personales. Eso de ninguna manera se contrapone a la sana ambición revolucionaria. No, la ambición política cumple un gran papel en la lucha. Pero revolucionario es aquel que subordina totalmente su ambición personal al gran ideal, aquel que se somete y se hace parte de él. Durante toda su vida y hasta el momento de su muerte Tsintsadze repudió sin misericordia el coqueteo con las ideas y la actitud diletante hacia éstas por ventajas personales. Su ambición fue la inconmovible lealtad revolucionaria. Que sirva de lección para la juventud proletaria.

7 de enero de 1931 – León Trotsky “Ante la tumba recién cavada de Kote Tsintsadze” en Cuadernos del CEIP nº 15.