Postales de una tarde en Comodoro Py

Estándar

Sádicos. Asesinos a sueldo de una burguesía que –por lo pronto- no los necesita. Los usa y los descarta con la tranquilidad de la tarea cumplida, pero con el temor –del eterno resurgir que provoca su miseria- vigente y en el tintero.

Viento frío en Comodoro Py. La bronca de haber esperado tanto tiempo y las ganas de seguir luchando. El aire fresco ante cada “cadena perpetua para”, que se convertía en gélido al escuchar el lamentable “se absuelve”. El asco de ver a Astiz acariciarse la escarapela. El agridulce sabor de saber que están condenados, pero muchos en sus casas. De que el cuadro ya no está, pero los archivos siguen cerrados y los nietos… quién sabe.

Una causa, 18 juzgados.  196 genocidas condenados hasta ahora, sobre 500 centros clandestinos de detención. 30 mil compañeros desaparecidos, 4 mil compañeros procesados por salir a luchar… y las cuentas que no me dan.

La democracia, buen atuendo para la injusticia, valorada como un fin en sí mismo. La dictadura, vendida como la exageración de unos locos borrachos y no como necesidad de un plan científico de exterminio de la vanguardia de una clase oprimida por la clase opresora. La democracia que no me da de comer, que no me educa, que no me cura, ni conforma… y las cuentas que siguen sin cerrarme.

El beso de Astiz, como caricatura exagerada de un capitalismo que sonríe en coloridas publicidades, mientras te explota y consume hasta dejarte morir. Reminiscencia en cada burócrata que te palmea con una mano mientras con la otra firma tu despido por ser basura tercerizada.

La vida de Viki Moyano –nieta restituida, militante del PTS-, paradoja de la historia, la flor en el pantano: en lo más profundo del Pozo de Banfield, jamás ninguno de los milicos asquerosos que asistieron el parto y que se la sacaron de inmediato a su madre para dársela a un apropiador, hubiesen imaginado que tantos años después, iba a ser una militante revolucionaria, por el Juicio y Castigo, por la lucha por una sociedad distinta. Hermosa forma de recordar a tus padres. Loca historia de una generación que no quiere irse y se pone a andar. Que saca conclusiones de la experiencia y las pone en práctica.

Ilusiones de Fábricas Sin Patrones, el gustito sabroso y la pregunta obligada: ¿y por qué no más?, ¿qué tal un mundo sin patrones? Ah, pero antes necesitamos nuestro ejército de esclavos insurrectos.

Imágenes que se cruzan, ensalada de sentimientos. Resistencia, reincidencia. Los 30 mil, Julio López, Silvia Suppo y –por qué no- Mariano Ferreyra, Luciano Arruga, Maxi, Darío… y todos, todos los asesinados en la lucha o los caídos en la silenciosa batalla de la rutina.

Adentro. Ellos, con la soberbia de quienes se creen impunes eternamente, envalentonados por el ala protectora de peronistas y radicales que les salvaron el cogote en repetidas ocasiones. Organizaciones de Derechos Humanos que no olvidaron, no perdonaron, ni se reconciliaron. Myriam y Luis –orgullo de camaradas- diciéndoles en la cara que cometieron un genocidio de clase.

Afuera. Nosotros, resistiendo con las banderas en alto los embates del viento. El derecho histórico a levantarlas conseguido a pura sangre y resistencia no iba a ser desaprovechado. Pensando cómo vamos a hacer para vencerlos, cuando vuelvan a ser necesarios y la burguesía los quiera reciclar.
Pensando en el juicio histórico, a fin de cuentas, el  juicio verdadero. Y día a día, pieza a pieza, vamos montando el escenario de la batalla final, donde dejaremos de ser espectadores, para convertirnos en actores principales, guionistas y directores de nuestro propio destino.

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