Un esfuerzo militante al servicio de la clase

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Un aporte más a las decenas y decenas de post en la “troskósfera” que se pueden ver aquí   aquí

Hemos terminado una gran campaña política militante al servicio de la clase trabajadora y sus intereses. Esta campaña, no fue solo el desarrollo de la campaña “electoral” en sí misma –como proceso electoral del sistema democrático burgués- sino que fue una larga campaña de avances y retrocesos contra el régimen político de la clase dominante, que quiso imponernos su voluntad, desarmarnos y acallar la voz de la izquierda revolucionaria.

En términos militares, una campaña consiste en un conjunto de acciones que transcurren en una misma zona geográfica y un mismo período. Podemos decir claramente que luego de la gran elección del Frente de Izquierda y de los Trabajadores obteniendo un mejor resultado que en las elecciones primarias, hemos finalizado, con intenciones hostiles de ambos bandos, venciendo parcialmente a nuestro enemigo. Nos defendimos contra los ataques al movimiento obrero y la proscripción electoral, pero también atacamos, pudiendo organizar a decenas de trabajadores con el periódico Nuestra Lucha y ganando a nuevos compañeros/eras para la Juventud del PTS, conquistando el reconocimiento y el apoyo de una franja significativa de los trabajadores y estudiantes con su voto.

Esta gran campaña contra el régimen la empezamos militando a sol y sombra (mucho más sol que sombra) en la búsqueda de la legalidad de los partidos en todas las provincias. Primero consiguiendo las “adhesiones”. Luego saliendo por todos lados a convencer amigos, familiares, conocidos, compañeros de trabajo y de estudio, para que se afiliaran al PTS y así llegar en cada distrito a las 5.000 afiliaciones que la justicia nos quería imponer.

La legalidad de los partidos ponía en juego la ilegalidad de los mismos, fue un ofensivo y abierto ataque hacia los partidos revolucionarios. Aquí se abrió una importante discusión sobre la necesidad imperiosa de conseguir las legalidades. Pero este juego político tampoco debía borrar, como todo revolucionario debe saber, el trabajo clandestino y conspirativo contra el régimen burgués. El trabajo clandestino de los equipos partidarios forma parte esencial de las tareas preparatorias del partido revolucionario y también en palabras de Lenin “Las organizaciones legales son los puntos de apoyo que permiten llevar a las masas las ideas de las células clandestinas.”. Así lo entendimos, por eso peleamos por la legalidad de los partidos y por eso la conseguimos.

Luego vino una segunda etapa de esta gran campaña contra el régimen, que fueron las elecciones propiamente dichas, divididas en 3 partes (elecciones provinciales, elecciones primarias nacionales y elecciones nacionales finales). La más significativa y donde el Frente de Izquierda logró despegar y dar un salto, fue en las elecciones primarias nacionales y nuestra pelea a capa y espada contra la proscripción. Ya hemos escrito y publicado varios balances al respecto, donde de no haber dado esta batalla hasta el final contra el régimen que quiso desarmar a la izquierda revolucionaria y callarla, se hubiera claudicado ante el avance de nuestros enemigos.

También y a medida que se desarrollaba la campaña, surgieron varias discusiones y una incipiente lucha política fraternal con el resto de los componentes del frente de Izquierda (el PO y IS) en relación al Estado, al régimen  y a no hacer una campaña que se adapte al mismo. Por eso hemos discutido en cada Comité del FIT, en cada plenario conjunto, en cada cita organizativa, en cada mesita y en cada estructura donde nos encontramos militando, el contenido de nuestros spots y de nuestros materiales de denuncia al régimen proscriptivo. La discusión del régimen y las preguntas que nos fuimos haciendo de qué es lo más revolucionario que podemos hacer en esta situación, cuál es la campaña más revulsiva que podemos desarrollar, cómo se aprovecha en profundidad una táctica como son las elecciones en relación a nuestra estrategia. Todas estas preguntas y otras más las fuimos respondimos en las calles y con audacia, desarrollando nuevas formas de hacer política revolucionaria y nuevos candidatos obreros y socialistas en todo el país, como los casos del Bocha, de Alejandro en Jujuy, de Lopez y Godoy en Neuquén, de Claudio en la Capital, de Guille en Campana, por solo nombrar algunos casos.

Ante todos estos escenarios de la campaña y sus sucesivas batallas, tuvimos que desarrollar un profesionalismo revolucionario quizá sin precedentes. Los partidos revolucionarios no contamos con aparatos de gobierno y empresariales, ni ejércitos de rentados para el desarrollo de tareas administrativas-políticas, que por lo general los partidos de la burguesía lo hacen desde los puestos mismos de gobierno, ministerios y parlamentos. Legalidad, boletas, spots electorales con la nueva ley de medios, etc. Fue pura militancia y abnegación por encarar una tarea que no era fácil para los compañeros y compañeras, pero con una organización que pone en juego inclusive la seriedad de la construcción del partido.

Durante la campaña, los combates contra el régimen bonapartista de los K no fueron solo en el terreno “legal” y electoral. También presentamos combate en nuestro terreno, allí donde mejor nos desenvolvemos que es el terreno de la lucha de clases. Mientras combatíamos por no desaparecer de la escena política electoral (solo un sectario hubiese opinado que las elecciones no nos servía para denunciar estos atropellos) fueron decenas de obreras y obreros a los que la burocracia intentó desaforar– como el caso de Victor Ottoboni- y  decenas que tuvieron peor suerte y fueron despedidos por sus patronales. Peleamos y seguimos peleando en Disco contra la patronal explotadora pinochetista contra el despido del compañero Yagui. Ganamos de nuevo la CI de Kraft Terrabusi por mal que les pese a los maoístas, a la patronal y a su gobierno. Mataron al compañero Mariano Ferreyra en la lucha de los terciarizados del Roca. Estuvimos firmes con los docentes santacruceños, cuando los hidrantes los reprimían en el Ministerio de trabajo. En el extremo norte, con los compañeros que tomaron tierras de la patronal del genocida Blaquier, en Ledesma. En el Sur, llevando la solidaridad y experiencia de los obreros de Zanón hasta Caleta y Las Heras, tierras de sublevación petrolera. Y del otro lado de la cordillera, la lucha de los estudiantes chilenos contra la herencia pinochetista, compartimos su rabia y la sacamos a marchar por las calles de Argentina. Liberamos al Pollo Sobrero y nos defendimos de los ataques con olor a “triple A” a los delegados de la línea 60 de colectivos.

Todo esto configuró una gran campaña revolucionaria que desde el PTS y el Frente de Izquierda desarrollamos al servicio de la construcción de un partido revolucionario en Argentina. Hemos aprendido y sacado lecciones en todos los terrenos donde el enemigo nos ofreció batalla. En lo legal y en lo ilegal. En el terreno electoral, y -como siempre- en el de la lucha de clases.

F.P

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