Algunos comentarios sobre el crimen de Candela

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48hs por candela. La iniciativa de la Red Solidaria en conjunto con personalidades reconocidas del espectáculo aportó significativamente en el montaje del circo show que estaba por entrar en sus picos de rating. La antesala al comienzo de un “Gran Hermano de la hipocresía”, 24hs en vivo,  por todos los canales, con un sinfín de protagonistas: políticos patronales, periodistas rentados del poder, figuras públicas y hasta algunos “desprevenidos” que aportaron, quizá sin darse mucha cuenta.
De más está decir lo que ya sabemos: tras once días de búsqueda, con la movilización de vecinos y docentes de Hurlingham , con toda la parafernalia policial (aún tan fofa y estúpida como macabra) puesta a buscar a una nena de 11 años, no va que la termina encontrando un transeúnte que ni la buscaba.
Así es que, al capítulo más dramático de la historia, no le sucedieron aplausos, si no –todo lo contrario-; el jueves llovieron los piedrazos sobre el frente de la Comisaría de Hurlingham.

Su “inseguridad” y la nuestra. Casos  como el de Candela siempre son aprovechados por la burguesía para despertar el fantasma de la inseguridad e instalar en la opinión pública la necesidad de “más policía”. Con todos los medios de comunicación a su disposición –que machacan y machacan durante las 24hs con lo mismo- van tramando el plan perfecto: su policía participa, dirige, articula cada uno de los grandes crímenes mafiosos que hay en la sociedad. Cuando aparecen los cadáveres de los inocentes (o brillan por su ausencia), los medios activan el turbo de sus operaciones (des)inofmativas, y así es que logran que amplios sectores de la sociedad empalmen con el reclamo de “más policía”. La ecuación que tenemos que desarticular es genial y siniestra: Los empresarios y políticos se forran en guita, su policía mata trabajadores y –en consecuencia- amplios sectores salen a pedir “más policía”.
Oportuno es recordar lo que ocurrió con Luciano Arruga: un joven de La Matanza, que se niega a aceptar la “oferta” de los gordos de la comisaría local. Pero ellos, al no poder aceptar un “no” como respuesta (“pendejo insolente de zapatillas baratas, quién sos vos para negarte a robar para nosotros”, le habrán increpado), se disponen a desaparecerlo. Sirve la historia -como paradigma de los miles de casos cotidianos que ocurren en las barriadas populares- para esgrimirla como un ejemplo de la “inseguridad” que a nosotros nos interesa, que queremos discutir, y que se contrapone con la que pregonan los patrones, esa que pide por “más policías”.

Oportunismos varios. Chiche Duhalde sale a decir por la radio con tono dramático que – justo, justo- el nombre que le iba a poner a su hija iba a ser Candela. Dudamos que un oportunismo de tan baja estofa pueda llegar a sumarle algún puntito en su imagen pública. Más vivo fue el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires -articulador de los barones del conurbano, sus matones y sus policías-, que acompañó a la madre de Candela al momento de reencontrarse con el ahora cadáver de su hija. Ahí estaban los medios para mostrar como cordero a uno de los principales responsables de la descompuesta bonaerense. Ahí están los medios ahora, para encubrir las pistas policíales y volver a las victimas en victimarios: ahora –como ya ocurrió en otros casos como el de los Pomar- las principales sospechas se fogonean sobre la familia.

Esperanza. En cada piedrazo que golpeó la Comisaría de Hurlingham, arrojadas por cientos de embroncados (que para la nación, telefé, y los medios en general que le cuidan el pellejo a la policía , como vemos acá, siempre van a ser parte de ese puñado de inadaptados a sueldo que hace desmanes) está el hilo que tenemos que atar entre el destrozo desesperado y la construcción de un movimiento de trabajadores que mire a la policía y a la gendarmería como lo que son: las fuerzas represivas y armadas de unos pocos ricos, para tener calmados y controlados a unos muchos que nada tienen.
Minemos su poder de fuego, desprestigiémoslos lo más posible, que les pese su arma cada vez que nos quieran apuntar. Vamos a contra corriente, con todos los grandes medios soplando al revés. Es una tarea fundamental de los revolucionarios, para desenmascararlos frente a los explotados, para no crear ilusiones reformistas sobre instituciones ontológicamente descompuestas y llegar al día del ajuste de cuentas en mejores condiciones.

Para afilar mejor estos argumentos y discusiones, dejamos y recomendamos:

Nota a Myriam Bregman en Pateando el tablero, edición del 4 de septiembre.

Intervención de Victoria Moyano y Alejandrin Barry en el Acto Obrero del 9 de julio en Zona Norte:

 

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